Consideraciones Antropológicas


Representación
Emociones
Operaciones Básicas
Tipos de Asociaciones
Arbitrariedad
Memoria
Conciencia
Atención
Camino
Costumbre
Valor
Yo
Mundo
Otro
Personalidad
Lenguaje
Categorías
Actos
Signo
Discurso
Amán
Asta ahora creo que este es el intento más arduo que he hecho de poner orden en lo que tengo en la cabeza... y es que como está todo entrelazado, y como cada pequeña pieza de este puzzle se ha ido añadiendo al ritmo caprichoso de las claridades que surgen de alguna lectura por aquí, otra reflexión por acá... eso hace que aunque el puzzle no sea tan grande y esplendoroso (comparado con los libros y libros que se pueden encontrar sobre todos los temas imaginables) es seguro que es intrincado como la vida misma. Esta “antropología” (para ponerle algún nombre a este montón de consideraciones) es la base sobre la que se apoyan muchas de las ideas que me van surgiendo por el camino a propósito de muchas cosas más triviales, a las que estamos todos acostumbrados, pero que cobran una profundidad particular (o por lo menos una perspectiva particular si en realidad no fuese tan profundo) cuando es vista a la luz de esas ideas. Y bueno, como encuentro mi vida profundamente entretenida, no porque yo me crea algo especial, pero porque Dios me la regaló así de interesante, y que es eso lo que quiero compartir... había que empezar por algún lado. Por eso que, si entre mis amigos que estuvieran leyendo esto, alguno se preguntara para que diablos sirve... bueno, le pediría que tuviera paciencia, y le diría que creo que ya verá un buen montón de aplicaciones interesantes a toda esta teoría. Aprovecho para decir que esta "antropología" también va a ir variando, expandíendose, reordenandose quizás también... no es definitivo. Pero si representativo de lo que pienso ahora.

Importante : Como empesé a construir este texto en el orden que ven, muchos conceptos de más abajo dependen de las definiciones dadas más arriba, y aunque  he intentado poner vínculos de un concepto a otro para poder abordar el texto desde cualquiera de ellos, es todavía recomendable empezar desde el principio.


Representación Nuestros sentidos nos proporcionan una gran cantidad de información sobre el mundo que nos rodea, permitiéndonos formar una imagen mental de él. Esta representación interior del mundo (que podemos imaginar como un plano) es el nivel de conciencia animal (1) ... ahí se proyectan los datos entregados por los sentidos. Si nos detenemos a considerar lo que tenemos dentro del mate(2) , bien parece que lo que más encontramos son esos datos entregados por nuestros cinco sentidos. Pensamos en imágenes, sonidos, sensaciones de tacto, de gusto y olores. Uno puede detenerse y acordarse como si lo estuviera viendo de un rostro familiar, o pasar un día entero con una canción en la cabeza escuchada el día anterior. Pero en nigún caso podemos imaginarnos cosas que no sean imágenes, sonidos, o cualquier otro tipo de experiencia sensorial humana. Así, lo que tenemos en la cabeza es en un "casi-todo-porciento" el efecto del mundo exterior sobre nuestros sentidos, es una imagen, una representación del mundo. Puede ser cortada en pedacitos, recombinada, reordenada, pero la “materia prima” de nuestro pensamiento siempre es experiencia sensorial del mundo. Si esto no les convence a primera vista, hagan el ejercicio de imaginarse lo más loco, lo más diferente que nunca se han imaginado, o recordarse lo más loco que se les haya pasado por la mente, el cuadro más surrealista que hayan visto, y van a ver que todo lo que pueden hacer es tomar elementos recibidos de fuera, cosas ya vistas o escuchadas, para poderconstruir esa fantasía “super original”.

Emociones  si seguimos urgando por ahí dentro, difícilmente nos quedamos satisfechos con la afirmación de que todos nuestros pensamientos son experiencia sensorial del mundo... lo otro que también es parte de nuestra vida interior y que no provienen del mundo exterior son las emociones, o sentimientos (algunos dan significados distintos a una y otra palabra, pero yo los uso como sinónimos). Son elementos cuya existencia es bastante evidente dentro de nuestra experiencia, y tenemos un gran cantidad de palabras consagradas para referirnos a ellas: alegría, ira, tristeza, amor, miedo, angustia, celos, envidia, etc etc. tienen es cualidad de teñir nuestra vida interior de una manera bastante intrusiva... cuando uno anda alegre, las cosas más tontas o incluso malas pueden volverse jocosas, o cuando se está triste puede parecer que el mundo entero se desmorona auque todo vaya muy bien. Pesan tanto las emociones en nuestra vida que se pueden volver un problema... el miedo puede volverse pánico o angustia e impedir alguien desenvolverse en ciertas situaciónes, enojos se pueden volver odios profundos en fin... se pueden multiplicar los ejemplos.

* para ver como se gatillan las emociones ver un poco más abajo tipos de asociaciones
* para ver cual es el sentido de las emociones


Operaciones básicas creo que no es necesario argumentar sobre la evidente complejidad de lo que somos,  sin embargo (y esto es lo que encuentro entretenido) las operaciones de base que organizan todo nuestro mundo mental son bastante simples, y se limitan me parece, a operaciones de Asociación y Disociación o, para utilizar palabras más encachadas (3),  de Análisis y Síntesis.
Cuando recibimos la majamama (4)  de información del mundo exterior... bueno al principio no es más que eso, un montón de datos confusos. Por eso que vemos a los niñitos pequeños mirar perplejos el mundo al principio para ir de a poco entendiéndolo mejor. El mundo que se va descubriendo en realidad se va ordenando, se distinguen objetos, gentes, colores, sonidos. Lo mismo sucede cuando aprendemos un idioma desconocido: Al principio es una sopa indefinida, y poco a poco vamos siendo capaces de reconocer algunas palabras, hasta en algún momento llegar a entender todo o gran parte de lo que se dice.
Estos elementos reconocibles, diferenciables, que surgen de ese mundo de datos se comportan como pequeñas unidades de información que pueden ser asociadas unas con otras. Un niñito rápidamente asocia a la voz de su mamá otras cosas como el hecho de que la siente calentita, con la comida que acostumbra recibir de ella...  y cuando la criatura siente esa voz con todas esas lindas cosas que le están asociadas, mueve todo lo que puede mover de pura alegría. Más adelante se pueden asociar cosas más conscientemente... ahora por ejemplo habiendo visto pelotas de tenis amarillas, y conociendo el color azul no tengo ninguna dificultad en imaginar una pelota de tenis azul. Aunque no recuerde haber visto nunca tal pelota.
Estos mismos elementos reconocibles, al momento mismo de volverse distintos como una unidad diferente al resto, automáticamente se vuelven disociados. Cuando reconozco el elemento hoja de un árbol, ya lo estoy disociando de esa realidad más grande que es el árbol.
Las disociaciones se hacen por un mecanismo simple (en el sentido de espontáneo y evidente) de reconocimiento de diferencias. Si ponemos un elefante gris en un prado verde... bueno habría que tener algun problema como para no ver que el animalito se define bien claramente, que resalta como algo diferente a lo que lo rodea. El elefante llega asta aquí, y de aqui para acá es prado, (o cielo según el punto de vista). Podemos ver diferencias sensibles entre el animal y el resto. Se ve distinto al prado, se siente al tacto distinto, y si empujamos el experimento más allá probablemente tenga un gusto y un olor distinto también.

Tipos de Asociaciones creo que sepueden distinguir dos tipos de asociaciones: Las asociaciones inmediatas se producen por proximidad de las experiencias. Por ejemplo, alguien que nunca ha visto el mar, al momento de verlo y reconocerlo como realidad distinta del resto del paisaje, (“¡Oh ! ahí hay un plano de agua) rápidamente va a percibir otros elementos, como por ejemplo que no se ven costas enfrente como si se verían en un lago. El percibir el elemento plano de agua está pues seguido de la distinción de otros elementos como el horizonte sin tierras. Se forma así un pequeño sistema (5)sintesis cuando el elemento distinguido es luego asociado por su proximidad con el elemento   [plano de agua + horizonte sin tierras] que se puede ir ampliando con otros elementos a medida que se suman experiencias nuevoas si se prolonga el contacto con esta nueva realidad. Podríamos tener después de una semana en una playa chilena una idea más o menos así [plano de agua + horizonte sin tierras + gusto salado + temperatura requetefría + olas + espuma + brisa marina] una idea que es en realidad un sistema de identidades asociadas. Para la formación de este tipo de sistemas están involucradas las dos operaciones: análisis cuando se distinguen elementos (elemento espuma distinta del resto del agua por ejemplo) y plano de agua en una conjunto más general, que es la idea que tengo del mar. La experiencia bruta de los elementos uno al lado de otro es la que los acerca.

Ahora, con la formación de sistemas más complejos hechos de varias asociaciones inmediatas se abre la posibilidad de asociaciones mediatas, entre elementos más lejanos que se ven acercados por una cadena más o menos larga de elementos intermedios. Así un marino que va a tomar su tercer shop de cerveza, en algun bar de algun puerto de por ahí, en un momento de inspiración podría decir : “esta cerveza es bella como el mar, en su espuma se pierden los recuerdos mientras se voga rumbo a la esperanza que bla bla bla...” aunque la prosa es de dudosa calidad, la idea está clara : dos elementos bastante lejanos (uno podría pasarse la vida en los Alpes austríacos tomando cerveza, sin el más mínimo contacto con el mar) son acercados por el elemento espuma que se vuelve el mediador entre el sistema que llamaremos mar y ese que podemos llamar cerveza.

más complejas son las asociaciones que involucran las emociones. Estas son respuestas inherentes a nuestra constitución de seres humanos por el hecho de ser compartidos por todos nosotros, así como compartimos brazos y piernas, o como compartimos la capacidad de sentir dolor cuando nos quemamos. El ser humano tiene esta propiedad de poder conmoverse, y así como no elige tener brazos y piernas, tampoco puede elegir no sentir, o por lo menos no naturalmente... puedo arreglármelas para ser indiferente (sin emociones) a todo, pero es tan contra natura como el amputarse los brazos y las piernas. Algunos considerarían eso último una excelente opción, pero eso es otro cuento. La cosa es que están ahí, y son parte de nosotros. La asociación espontánea  al elemento identificado como amenaza es el miedo, con esas ganas viscerales de huir, de precipitarse lejos de lo espantoso.
El amor surge como asociación espontánea a lo que es considerado amable. La asociación espontánea es en realidad respuesta y por ese carácter de respuesta la emoción no surge de la nada, tiene que haber algo que la provoque. No nos enamoramos de la nada, como tampoco nos enojamos "porque si", y tampoco se anda triste sin razón... es posible no atender esas razones y contentarse con poner su atención sobre la emoción más que sobre sus causas, que son el objeto de mi tristesa, de mi ira o de mi amor.
Podemos ver muy fácilmente que las emociones cambian según el objeto que se tiene delante. Supongamos que estemos frente a un objeto que representa una amenaza, por ejemplo aquél tremendo perro rotweiler que se acerca... inmediatamente surge el sentimiento de miedo. ahora si cambiamos el objeto y ponemos perrito púdul chiquitito lo más probable es que no surja esa emoción de miedo.
El objeto que tengo frente a mí tiene, una existencia que no depende de lo que creo de el... puedo estar convencido que es un perro asesino, pero si en realidad es un perrito muy bien educado y alimentado no va a pasar nada. Al contrario puedo estar convesidísimo que no hay nada que temer (porque todos los perros que he visto hasta ahora estaban bien educados y alimentados) pero si el perro está entrenado para comerse a los tontos descuidados, y que más encima no ha comido más que un yogurt esa semana... pobre de mi. Pero el objeto también tiene una segunda realidad, su realidad de representación.  Está lo que creo que es el perro, y lo que es realmente. Si volvemos a ponernos en el pellejo del que se encuentra delante de un perro desconocido vemos que no es el perro en sí que sucita mi confianza o mi temor sino lo que yo pienso que el es. Cuando cambia ese pensamiento, cambia la emoción. Noto que el perro tiene restos de algo rojo en el hocico como si hubiese comido vorazmente algo... si pienso que ese algo fue un buen plato de tallarines con salza de tomates, me río y le digo que se limpie el hocico... si en cambio pienso que ese algo que se comió fue un tipo que no le causó buena impresión, no le digo nada y me voy lo más rápido que puedo. El perro (lo de afuera) es el mismo, lo que cambió fue la construcción interior. A los datos sensoriales que tengo del perro (lo veo ahí parado enfrente) fue lo que le asocié (la salsa de tomates, o la sangre humana) que constituyó ese objeto interior que me conmueve en un sentido u otro. El objeto es pues siempre es una construcción mental.
Se podría decir que, así como los objetos exteriores estimulan nuestros sentidos “exteriores” produciendo sensación (la luz estimula mis ojos, ciertas particulas estimulan mi sentido del olfato, siertas variaciones del aire estimulan mis oidos etc) los objetos interiores estimulan una sensibilidad interior produciendo emoción.

Resumiendo podemos decir que las asociaciones emocionales son inmediatas en cuanto se añaden automáticamente al objeto interior susceptible de producirlas, pero ese objeto interior no es nunca simple sino que es una estructura de asociaciones. En el ejemplo del perro es evidente, el sistema [perro + salsa de tomate]  produce riza, el sistema [perro + sangre humana] produce pavor. Pero para que haya emoción, como temor por ejemplo, debe haber por lo menos el elemento amenaza y el elmento yo entendido como elemento vulnerable. Si no hay una idea de un yo amenazado no existe amenaza. Un niño pequeño que tiene muy pocas asociaciones estables ya hechas en su mundo interior, cuando siente alegría o cariño por ejemplo cuando siente a su mamá, su sentimiento surge de la conjunción de esa necesidad de alimento y de la satisfacción de esta necesidad. Al contrario el llanto que manifiesta el sentimiento contrario (molestia) también surge de la presencia de una asociación: de la necesidad y la ausencia de satisfacción. Podríamos objetar que la necesidad podría ser un objeto simple que produce por si solo la emoción... Pero si se piensa en un niñito que esta ávidamente chupeteando leche materna, el llanto ya no está, aunque aún se encuentre la necesidad. Si se le saca la teta antes de que esté satisfecho “wuaaaaa!!!” larga el llanto nuevamente, mostrando con claridad que la necesidad no es un problema por si solo, la necesidad toma un perfil de crisis emocional cuando no es satisfecha, pero se vuelve incluso algo agradable cuando está siendo satisfecha (como esa sensación de alivio de llegar al baño después de haber viajado dos horas aguantándose). el objeto  que conmueve nuestras emociones, ses siempre compuesto.

Arbitrariedad Tenemos series de asociaciones preestablecidas en nosotros, lo que llamamos instintos, y que nos hacen reaccionar naturalmente de tal o tal manera frente a tal o tal estimulo, como por ejemplo el recién nacido que apenas siente algo en la palma de su mano, aprieta. No lo aprendió nunca, está escrito en sus genes. La sensación de tacto se proyecta en el plano de la representación (porque esa sensación aunque no la entienda llega a su interior, el niño la siente) y automáticamente esta seguida por el proceso de cerrar la mano, proceso que significa en su interior otra serie de proyecciones o acontecimientos (6)  sensoriales como el sentir los músculos contraerse, la sensación de presión que produce el objeto que está agarrando, la sensación de temperatura, etc. El punto es que el acontecimiento sensorial de estar sintiendo el objeto en su palma, y luego el que está ligado con el cerrar la mano es una sucesión de fenómenos dentro del plano de la representación predeterminada por la constitución genética del bebé. Los animales están dotados de instintos también, de hecho muchos más que el ser humano. Quien no se ha extrañado de ver un potrillo recién nacido andar caminando por ahí al lado de su mamá mientras que un bebé humano necesita meses para llegar desplazarse por si mismo, y otros tantos para poder caminar como la gente... En animales más complejos la cantidad de instintos (o sea de ordenes preestablecidos) puede ser menor. Un gatito necesitara un tiempo más prolongado de aprendizaje para valérselas por si mismo que una mosca por ejemplo. El gato tiene que aprender a caminar o a casar, mientras que una mosca apenas dejó de ser una larva vuela por todos lados y tiene su vida normal de mosca. En los animales con menor proporción de instintos y mayor capacidad de aprendizaje, las variables que no están establecidas en su código genético (o sea, las que tiene que aprender) son impresas en él por su experiencia. Por ejemplo un perro al reconocer a su amo que acostumbra alimentarlo y hacerle cariño, automáticamente se siente contento y mueve la cola. Pero el perro no elige hacerlo: la relación entre la visión del amo y el estar contento, ha sido escrita  en su naturaleza perruna por su experiencia de haber visto 100 veces actuar su querido amo. Si su experiencia hubiera sido diferente, como por ejemplo que su amo en ves de hacerle cariño, le pegara una patada cada vez que lo ve, el ordenamiento de las representaciones mentales del animal serían distintas: en ves de mover la cola y acercase al hombre, se alejaría lo más rápido posible y con la cola entre las patas. En uno u otro caso el orden que está en la cabecita del animal esta dado por sus instintos, y por su experiencia de las cosas. Punto. El no puede salir de ese esquema.

las asociaciones tienen en el ser humano esa posibilidad de ser hechas libremente, tenemos la posibilidad de elegir de asociar este elemento con este otro. Por lo tanto tenemos la posibilidad de interpretar de formas distintas la mismas situaciones. Por ejemplo la situación del perro es interpretada de forma distinta según las asociaciones que se hagan al elemento perro. Me parece que la libertad de asociación de elementos del mundo interior queda bien manifestada en la arbitrariedad de los signos. Nosotros podemos asociar un signo con lo que sea, mientras que un perrito solo lanzará “guau” y moverá la cola cuando está contento, y todos los perritos desde que son perritos y en todos los países del mundo dicen “guau” y mueven la cola cuando están contentos. Un humano como yo, en cambio, a pesar de tener generaciones de humanos por detrás puede elegir decir “majamama” en ves de “confusión” y puede empezar a escribir el verbo “ir” con h y aunque todo el mundo diga que no sirve de nada y que no es correcto, igual lo puede hacer y seguir diciendo que eso que está escrito con “h” es el mismo verbo “ir” que los otros tontos escriben sin h. Voilá. Nuestra especie tiene pues ese maravilloso lujo de poder asociar arbitrariamente. “Libre albedrío” acostumbramos llamar esa capacidad.

Ya vimos que las asociaciones podían hacerse por proximidad es decir por la forma en que experimentamos las cosas (como la espuma cercana al mar y a su gusto salado) ¿Que pasa pues con la libertad en esos casos? Retomando el ejemplo del mar y la cerveza, si nos imaginamos que el que se toma la cerveza es el abuelo de Heidi, y que la única ves que tuvo la oportunidad de navegar por el mar tuvo la mala experiencia de enfermarse y vomitar durante todo el camino, lo más probable es que el asociar la espuma de su rica cerveza con cualquier cosa de aquel horrible lago de agua salada le sea algo simplemente repugnante. Incluso se la idea se le cruzara por la mente de que esta espuma es parecida a la otra, rechazaría rechazaría la asociación persignándose. En ese rechazo de asociar esto con esto, en el decir “noooo, ir no se escribe con h aunque te nasca” se ejerce la libertad del hombre. Y también al revés, se puede decidir asociar elementos de las formas mas extrañas. Un texto de finales de la Edad-Media dice lo siguiente:

Estas dulces miradas, estos ojos echos para placer
Piensenlo bien un día perderán su claridad,
Nariz y cejas, la boca de elocuencia se podrirán.  (7)

Interesante no? a quien se le ocurriría decirle a su polola (8)  que sus ojos son lindos, pero que prefiere verlos como en camino a podrirse en sus orbitas...
Elegí este texto porque lo tenía a mano, pero podría haber elgido cualquier letra de algún grupo de rock pesado para mostrar cuan extrañas y repugnantes asociaciones se puede elegir hacer. Alomejor alguno de esos que se hacen llamar “góticos” o “metaleros” que por alguna razón leyera este texto pensaría que estoy siendo un poco injusto (porque él a lo mejor encontraría lo de los ojos podridos de muy buen gusto) pero sin duda estaría de acuerdo en reconocer que elegimos cosas diferentes y que podemos asociar los ojos de la polola con lo que se nos cante... y eso es el libre albedrío.

Este aceptar o rechazar una asociación está en realidad en juego todo el tiempo. incluso en los momentos en que estoy experimentando (o sea percibiendo sensorialmente) las cosas más simples, cuando accepto (con razón o no) que esto (el mar) es diferente a esto (la playa) y a esto (el cielo) estoy haciendo una elección: estoy rechazando que estas tres cosas son una sola. La elección puede ser más o menos reflexionada, pero es elección al fin y al cabo. Al revés si decido asociar por ejemplo el mar y el cielo diciendo que son lo mismo (como de hecho hicieron ciertos indios americanos, que cuando vieron llegar a los españoles por el mar y concluyeron que venían del cielo) ahí también tomo la decisión de hacerlo. Tanto en el análisis (descomposición en partes) como en la síntesis (agrupación en una unidad) está en juego el libre albedrío.

Claro está que no nos sentamos para elegir cada asociación o disociación que nuestra mente hace con la multitud de datos que está recibiendo. Así como no me detendría por ejemplo en darme cuenta que corre un viento frío cuando llego cerca del mar, y que un día en un lugar que  no tiene nada que ver, pongamos... la oficina, repentinamente una corriente de aire me hace recordar ese paseo a la playa, y por más que me retuerso los sesos soy incapaz de entender porqué diablos estoy pensando en la playa cuando debería estar haciendo tal llamada telefónica. Ahí hice una asociación sin prestar suficiente atención al gesto de elgir como para recordarlo.

Podemos decir a la pasada que la libertad, la arbitrariedad de asociaciones es lo que nos hace humanos, pero es también nuestro gran problema: podemos elegir, pero no sabemos como o qué... la sociedad define ciertas cosas, pero inevitablemente me puedo encontrar en esa posición en que veo que puedo hacer exactamente lo contrario si quiero. Una sociedad de hormigas o de abejas siempre funcionará como siempre funcionó. Una sociedad humana en cambio un día puede funcionar considerando la homosexualidad como algo totalmente normal (pensar en la antigua Grecia, para tomar un ejemplo lejano) y otro día pensando exactamente lo contrario (pensar en la Inglaterra Victoriana por ejemplo).


Memoria  Que podemos memorizar datos parece bastante evidente. Sin esta capacidad no podríamos acordarnos de lo que hicimos hace años como tampoco de la palabra que acabamos de escribir o pronunciar. Seríamos prisioneros de un presente que ni siquiera podríamos ver escurrirse porque cada cambio sería inmediatamente olvidado. Estar desprovisto de memoria significaría no vivir más que un presente, que ni siquiera podría ser un presente individual, diferente, distinto, no podría ser un presente contrapuesto a otra cosa que no sería él mismo, simplemente porque  porque no existiría otra cosa más que él... La memoria, al permitir que una experiencia no caiga inmediatamente en el olvido, posibilita la distinción de elementos individuales (analisis)... Sin memoria que permitiera recordar el principio de un sonido por ejemplo, sería imposible reconocer este sonido como algo distinto de lo que hubo antes, o sería imposible de recordarlo como algo distinto de lo que vino después una vez que terminaríamos de escucharlo. Así, todas las vivencias interiores (datos sensoriales, emociones) se vuelven “visibles” por así decirlo solo en cuanto son retenidos en la memoria. Quiero poner otro ejemplo para rematar este punto... el sonido, como es un elemento que visualizamos fácilmente como algo “temporal”, que tiene un principio y un fin, puede no dejar la cosa tan clara. Pongamos algo que percibimos por nuestra visión, cualquier cosa, como la pantalla del computador por ejemplo. si miramos fijamente unos pocos segundos y luego cerramos los ojos, se puede decir que eso último que vimos antes de cerrar los ojos, esa “instantánea” es algo que no tiene principio y fin... es solo una “imagen plana”... pero sin memoria es imagen se habría perdido... habría dejado de ser en el momento de cerrar los ojos. No habría sido una imagen distinta de otra... no podría ser un algo que vuelve la nueva imagen una nueva imagen.

La memoria es una especie de espacio fuera del tiempo, fuera fluir de acontecimientos del mundo... no porque no estemos con nuestro cuerpo y mente insertos en el mundo, sino porque todo lo que deja huella en la memoria ya es algo que ha dejado de existir. Un poco como el sonido del trueno que escuchamos cuando ya hemos visto producirse y acabarse el destello que nació junto con ese sonido... o la luz de aquellas supernovas (estrellas que al final de su vida estallan volviendolas muy brillantes y de mayor tamaño) que llega a la tierra después de haber viajado no-se-que-montón de millones de años, y en un momento en que la dicha estrella está muerta y requetemuerta. El tiempo que separa los acontecimientos de nuestra vida cotidiana de su entrada en nuestro cerebro es bastante más breve, pero es tiempo transcurrido, y es por lo tanto presente que ha dejado de existir (9).
la memoria es pues nuestro espacio interior ahí donde pensamos, ahí donde la experiencia de lo de fuera se vuelve pensamiento.
Ahí es donde vivimos, lo de fuera fluye y fluye del futuro que todavía no existe al pasado que ya dejó de existir, yo no vivo en ese presente siempre cambiante, vivo en mi propio presente hecho de lo que he retenido del flujo del mundo exterior, y también del vagar de mi propia voluntad entre estos elementos que me aproprié (puedo echar mano a otras experiencias que ya viví... estoy escribiendo con este computador pero puedo recordar las olas del mar en donde estuve metido hace un rato). Es como estar en una barquichuela en medio de un oceano en movimiento... partes de ese mundo exterior que es el oceano entra en mi bote, a veces contra mi voluntad, como una ola que vendría mojar mi pequeño mundo,  y a veces también por elección propia, como ese pulpo que pesqué para poder comermenlo... pero es solo una ves que está dentro de mi bote que puedo hacer algo con él... cortarle los tentáculos, o tirarlo por la borda porque huele feo.
La memoria no solo es aquello que nos permite añorar un pasado lejano, la memoria es todo nuestro espacio interior... o puesto al revés: Todo nuestro espacio interior es memoria, ahí es donde vivimos, ahí donde nos movemos... no nos situamos directamentefrente al mundo exterior, sino frente a la representación de este que está "fuera del tiempo", interiorizado.

Conciencia  Se puede decir que la conciencia esta hecha de atención. Ahí donde ponemos nuestra atención, ahí se ubica nuestra conciencia, o dicho de otra forma, estamos conscientes de aquello a lo que estamos atentos.

Atención  La atención es el gesto de afferrarse a un pensamiento, de retenerlo. Retomando el ejemplo del perro, al rojo de su hocico se nos ocurrieron dos asociaciones posibles, la sangre humana y la salsa de tomates. Cuando retenemos un elemento como la idea de la sangre humana, nos despreocupamos del otro (la salsa de tomates), así a mayor attención puesto en una idea, menor preocupación por la otra.  Nuestra atención no puede estar con igual intensidad en todos lados. O quizás si, pero diluyéndola, incluso hasta hacerla inútil. Es bastante simple: así como decimos que solo tenemos dos manos  para decir que no podemos hacerlo todo al mismo tiempo, con nuestra mente ocurre lo mismo, tenemos una capacidad limitada. Nos preocupamos de esto y se nos va esto otro. Me concentro en como diablos voy a sacar mi caballo de la delicada posición en que está en el tablero de ajedrez, y no me doy cuenta que el adversario se prepara a hacerme jaque y mate por otro lado. Por fin logro acordarme que tengo que salir con mis llaves pero se me olvidan los documentos...
Otra propiedad que va pues íntimamente asociada con este gesto mental de aferrarse a un elemento, es la de desvincularse con el resto. Al mismo tiempo en que la atención se posa sobre un pensamiento, y en la medida de la intensidad con que se aferra a este, se despreocupa de otros.

Esto no es decir que nuestra atención sea tan cuadrada que se detenga siempre justo respetando los límites de aquello que estamos atendiendo. Podemos hablar por teléfono y escuchar al mismo tiempo que alguien habla, o ver que alguien pasa por delante, aunque si empiezo a fijarme (o sea a poner más atención) sobre lo que estoy viendo, lo que me están contando por telefono se vuelve más lejano, mas difuso, hasta el punto en que interlocutor pierde paciencia y grita “¡¡NO ME ESTAS ESCUCHANDOOO!!” para recentrar nuestra atención. Creo que una buena metáfora de la forma en que funciona nuestra atención es la forma en que funciona nuestra visión: cuando fijamos un objeto, lo que está inmediatamente alrededor se vuelve más difuso, y más aún mientras más alejado esté de aquel punto central donde tenemos la mirada fija. Podemos en los extremos de nuestra visión periférica percibir movimientos por ejemplo, pero se vuelve mucho más difícil decir que fue lo que se movió. Con nuestra atención sucede lo mismo: “vemos claro” ahí donde está fija nuestra atención y percibimos cada vez menos claramente lo que está alrededor a medida que el objeto está alejado del punto central. 


Camino  al mismo tiempo implica un caminar constante de nuestra conciencia, un pasar de una cosa a la otra. Esta forma de operar de la conciencia no es nada diferente al resto de nuestra experiencia humana, ya vimos el ejemplo de la visión: como solo veo claro hacia el centro de donde está fijada mi mirada, si quiero tener una imagen clara pero que sea más amplia que la pequeña área que estoy viendo, me veo obligado de mover constantemente los ojos. Hagan la prueba de fijar su mirada sobre el rostro de alguien que les está hablando (estoy pensando en un profesor dando su clase por ejemplo) e dense cuenta de cómo ven el cuello de su camisa, su corbata, sus zapatos (sin dejar de fijar el rostro)... se van a encontrar en la angustiosa situación de caer en la cuenta de que si quiere hacerse una idea de cómo se ve ese tipo que habla y camina de un lado a otro dibujando de ves en cuando en la pizarra, estan obligado a quitar sus mirada del rostro del sujeto para fijarse bien en sus zapatos por ejemplo. Angustiosa porque es darse cuenta de lo precario de nuestra percepción: la imagen que nos hacemos del mundo se nos está escapando siempre, y descubrimos que estamos en una constante carrera para alcanzarla. Es una sensación parecida a la que produce el darse cuenta de que estoy respirando: si expiro y me quedo en ese estado la situación se hace insoportable y necesito inspirar nuevamente... que alivio! Pero si me quedo ahí nuevamente viene esa horrible sensación de ahogo que me urge de volver a expirar. Hagan también la prueba, sientan la angustia de estar vivos... sentimiento extraño que viene con el darse cuenta de que quedarse quietos significa morir. Pero ese es otro tema.
No podemos ver todo a la vez y tenemos que desplazar la vista, no podemos estar en dos estados (con los pulmones llenos y los pulmones vacíos) al mismo tiempo por lo que tenemos que mover nuestro diafragma, no podemos estar aquí y allá al mismo tiempo por lo que tenemos que desplazarnos físicamente, no podemos decir dos palabras al mismo tiempo sino que tenemos que vocalizarlas una tras otra, no podemos pensar sin que se desplace nuestra conciencia de un elemento a otro. Pensar es, a final de cuentas un transitar de la conciencia por sobre la representación.


Costumbre  Esta incapacidad de estar conscientes de demasiadas cosas a la vez sería un problema enorme sin el mecanismo de la costumbre. no podríamos mover un dedo conscientemente sin suspender todas las otras acciones que estuviéramos haciendo... sería por lo demás imposible realizar tareas complejas como el caminar, o el andar en bicicleta en donde se tienen que coordinar varios movimientos a la vez. Por suerte podemos ir optimizando nuestros desempeños mediante el mecanismo de la costumbre. Así, de tanto hacer una asociación, la huella en mi memoria se va haciendo más profunda, y la asociación se vuelve casi automática requiriendo un mínimo de atención. Así, si tuve que pensar unas 100 mañanas seguidas en verificar si había puesto mis llaves en mi bolso antes de salir, el día en que salga atrasado, hablando por teléfono y abrochándome el cinturón no me alcanzo ni a dar cuenta que puse y verifiqué la presencia de mis llaves, y después cuando termino de hablar por teléfono, y mientras aún voy corriendo y me asalta esa duda terrible de “¿No se me habrán olvidado las llaves?” ni siquiera puedo recordar que si las puse. Pero la costumbre no falló: verifico mientras atravieso la calle y veo con gusto que después de todo no soy tan inútil y que mis llaves están en la bolso. La costumbre es pues un aliado de primera... aunque presenta el peligro de volverlo a uno perezoso una ves que logra vivir solo de costumbres. Cuando esto ocurre,  cuando cambian las situaciones la persona no logra adaptarse y queda desajustada. Así, el viejo que toda su vida apagó los faros de su auto apretando un botón a la derecha encontrará muy difícil acordarse de apretar el botón de la izquierda y en la mitad de los casos se las arreglará con alguna solución estúpida como simplemente no prenderlos. En fin. Ese es otro cuento.
Se puede decir que la costumbre es un camino de conciencia más recorrido, y que se vuelve por lo tanto más familiar. La conciencia circula con mucho más facilidad por él, y seguir su cauce se vuelve natural. De ahí que necesite menos atención para recorrer esa cadena de asociaciones. Un refrán familiar, una serie de movimientos que tenemos costumbre de hacerse seguir. Todas esas cosas que estamos acostumbrados a hacer, decir o pensar en ciertas condiciones se encadenan con facilidad suficiente como para dejar la conciencia libre de ocuparse de otras cosas. Así mientras un jóven conductor estará absorbido por los gestos que le permiten manejar su vehículo, el conductor más experimentado encontrará fácil conversar con el que está sentado al lado, tomarse un café o lo que sea.


Valor  El valor entregado a un elemento es proporcional a la cantidad de atención que recibe. Esa cantidad de atención es por una parte el tiempo que permanece la atención sobre el elemento. El valor que entregamos a algo es manifestado claramente mientras más tiempo, y más seguido vuelva nuestra atención sobre este algo, como una persona que gusta de jugar ajedrez va a utilizar una gran parte de su tiempo en esa actividad, y va a jugar en cuanto tenga una ocasión. El ajedrez es lo que le importa, y por eso dedica su tiempo (o sea su atención) en ocuparse de eso.
Lo que llamé “la cantidad de atención” es también la concentración, o la intensidad con que la atención se detiene sobre un elemento. Podemos ver que hay ciertos  elementos que atendemos solo durante un breve instante pueden ser recordados con mayor claridad que elementos atendidos durante un lapso de tiempo comparable o mayor. Vimos que la atención tenía una capacidad limitada, pero que puede “agruparse” en un elemento, o en un grupo restringido de elementos. Si me concentro sobre lo que dice mi interlocutor por teléfono, lo entiendo, y me acuerdo de lo que me dice. Si me concentro menos, y estoy preocupado al mismo tiempo de la estúpida mosca que golpea la ampolleta, lo entiendo menos y tiendo a olvidar más rápido lo que dijo (por eso que el test típico de la polola enojada es: “Ah me estabas escuchando! Entonces que fue lo último que dije???”.) Y si lo de la mosca me interesa realmente mucho (por ejemplo porque su trágico destino se me antoja fascinantemente parecido al mito de Icaro) ahí ya la voz del teléfono se vuelve un murmullo imperceptible.
Cuando este agruparse de la atención se ejerce sobre un área de la representación más amplia de lo que puede percibir la conciencia “de un vistazo” está obligada a desplazarse, pero se desplaza en un área más restringida (como sería por ejemplo el área de la representación que corresponde a lo percibido con mis oídos). Cuando el elemento “cabe” dentro de lo que puede percibir sin desplazarse la conciencia puede concentrarse sobre este elemento de manera que este se llega a desprender casi del todo de todo lo que lo rodea, incluso lo más inmediato. Así al ver un par de zapatos que nos gustan en la vitrina, vemos esos y los otros ni los notamos, tanto que podemos llegar a extrañarnos de no haber visto esos otros, que estaban sin embargo cerca y eran también bonitos. Si al caminar por las calles frías de Montreal siento los dedos de los pies helados, y realmente me molestan, basta con que haya un tumulto por ahí para que me olvide de mis dedos y vaya a ver que ocurre. Los dedos siguen igual de helado, y mi sistema nervioso sigue recuperando la sensación y proyectándola en mi interior... pero es como si no los sintiera, porque mi atención está concentrada en otro lugar de la representación.

*dos consecuencias de esta idea de valor:
-a mayor valor de un elemento mayor número de asociaciones con él
-mientras mayores son los valores involucrados en una asociacion, mayor  es la densidad de esta asociación

*una consideración sobre una definición común de valor



Yo  A estas alturas ya es posible aclarar un poco que es eso que llamamos “yo”. el espacio interior formado por nuestra memoria, está pues poblado por un mundo de datos (sensoriales, o emocionales), y a pesar de que este espacio está algo apartado de la multitud de los cambios del mundo exterior, también está en constante movimiento, en constante cambio. Dentro de los cambios se pueden distinguir de inmediato dos conjuntos distintos. Por un lado están las variaciones que siguen a un acto de mi voluntad, por ejemplo hago un movimiento con los ojos, y lo que estos perciben varia inmediatamente, muevo una mano (tocando una superficie sólida por ejemplo) y lo que siento al tacto varía. Me muevo, y mis sentidos producen todo una serie de variaciones dentro de ese mundo interior (o sea sobre el plano de la representación), Los sonidos, las texturas, todo va variando cuando me muevo. Otro conjunto de cambios son los que no responden a mi voluntad, como aquel sonido que percibo y que se produjo sin coincidir con ninguno de estos actos de voluntad. El pajarito que vi pasar delante de mi ventana, pasó, pero yo no hice nada para que se produjera esta evento del cual estoy conciente por la variación que produjo sobre el plano de la representación.
El hecho de que existe un “yo” se va descubriendo por esas variaciones queridas por uno (contrapuestas a las que no dependen de uno). Un se da cuenta de que ciertas variaciones son consecuencia de mi arbitrariedad. Puedo mover el objeto que está delante de mí o no, y es por el hecho de que el moverlo o no moverlo responde a mi voluntad, descubro de que hay un mi que puede mover cosas.
Este ejercicio de descubrir el yo es exactamente el que se hace en el contexto, mucho más restringido, de un juego de video de dos jugadores. Es muy típico conectar una consola de juego a un televisor, con dos controles, y al momento del comenzar el juego no saber que personaje del juego es dirigido por cual control... ahí cada jugador manipula su control unos momentos para descubrir cual es el personaje de la pantalla que reacciona a sus manipulaciones del control. Si es un juego de carrera de autos por ejemplo, probará cargar la palanca radicalmente hacia un lado, para ver cual de los dos autos del juego dobla hacia ese costado para de esa forma descubrir donde se manifiesta su voluntad... como se manifesta su yo en el marco de ese juego.

Lo que sentimos como “yo” está también vinculado con nuestros hábitos, o costumbres. Sentimos como parte integrante de lo que somos esos caminos mentales más recorridos, esas asociaciones que están bien marcadas en nuestra memoria. Cuando uno tiene una manía rascarse la oreja derecha cuando se está perplejo... si alguien nos pide que no lo hagamos, tendemos a responder “pero yo soy así” y es que nos identificamos con esas cosas. No es por nada que si nos preguntan quienes somos, nos definimos por lo que hacemos (trabajo, deporte, etc). Nos identificamos con esas actividades que hacemos seguido. No hay que olvidar que las costumbres “más exteriores” son solo costumbres “más visibles” porque las costumbres son en todos los casos asociaciones interiores. Por lo que se entiende fácilmente que nos identifiquemos con aquellas cadenas de asociaciones menos visibles, como los gustos o las impresiones a primera vista (estas ultimas no son otra cosa que asociaciones que nos “nacen” sin pensar: este tipo me cae bien aunque no sabría decir porqué, esta situación me produce temor aunque no haya razón visible, me es natural reaccionar así frente a tal cosa), o con formas de pensar que no ven los otros necesariamente.

Este yo, hecho de voluntad propia y asociaciones habituales, está sumamente determinado vía discurso. Si toda mi vida me han dicho que bostezar sin taparse la boca es feo, puedo llegar a una tribu de salvajes en donde se anda pilucho (10) y se bosteza con toda libertad, y hay buenas posibilidades de que todavía me tape la boca... ese “yo”, ese que es llamado por los indígenas “el tipo que se tapa la boca al bostezar” esta determinado por una asociación hecha, no por voluntad mía, pero por la voluntad de mi mamá, de la familia y toda la sociedad que siempre me ha repetido lo mismo.


Mundo Por otro lado el conjunto de variaciones que no responden a la voluntad del yo rápidamente (en la experiencia de un ser humano) es subdivida en dos categorías más. la primera es el conjunto de las variaciones normales, esas variaciones regulares, que son siempre iguales: el objeto que se cae cuando está en el aire, la consistencia de los objetos, los efectos de estas propiedades sobre mi, cuando me caigo y me duele por ejemplo. Todas estas variaciones que resultan de la interacción de mi voluntad con el mundo me hacen descubrir de que mi yo no es absoluto, tiene límites. El yo se ejerce dentro del marco del juego del mundo que tiene reglas que no dependen de mi voluntad, este juego es consistente a pesar de mi. Puedo querer con todas mis fuerzas que el objeto no se caiga, pero si lo suelto en el vacío, inevitablemente se cae.

Otro  Dentro de este marco de reglas fijas, descubrimos otra serie de variaciones que tampoco dependen de mi voluntad, variaciones que son irregulares, y que son explicadas por la acción de algo que se distingue del resto del mundo. Por ejemplo si uno al acampar en el bosque va a buscar leña para la fogata, y al volver encuentra todo medio revuelto, y restos de provisiones esparcidas por el suelo, ahí se está en una situación en donde el juego del mundo no basta para explicar estos cambios. Luego cuando por entre las ramas veo alejarce la figura peluda de un oso pardo, reconosco que ahí hay un otro capaz de actuar sobre el mundo también. Ojo que hay varios niveles de "otredad"... el mundo es reconocido como otro o sea diferente a mi, un animal como el oso pardo también es reconocido como otro, y un ser humano que no soy yo mismo también es considerado otro, pero soy mucho más parecido a él que al oso pardo, o a una piedra por ejemplo. 

Personalidad  he visto que este término se utiliza para hablar del carácter del hombre (o de Dios y los ángeles también, para los que admiten su existencia) en contraposición al resto (mineral, vegetal, animal etc). Sin embargo creo que nunca me he topado con una definición clara de lo que es. ahora que lo pienso creo que voy a fijarme un poco mejor. Creo que la definición que abarca mejor las utilisaciones que he visto de este término es lo que ya puse más arriba: lo que distingue al hombre del resto del mundo y de los seres (de los seres que no son “personales” claro está... porque los angeles, o Dios, son considerados en general como seres parecidos al hombre en cuanto a esto). Ahora, ya he llegado a la idea de que lo que diferencia el hombre de un animal es el libre albedrío, por lo que, personalidad vendría siendo el carácter del que posee el libre albedrío. Cuando en el mundo descubrimos que hay otro que puede, no solamente actuar, pero actuar arbitrariamente como yo, las variaciones que este produce en el mundo y en nuestra correspondiente representación interior, nos permiten deducir otra voluntad que la nuestra, pero que se le asemeja, que es personal.

Lenguaje (Fenómeno interior)  los elementos simbólicos no son otra cosa que partes del plano de la representación que remiten a otras. El signo es representación de ciertas proyecciones del mundo exterior sobre el plano de la representación. El signo |perro| es una forma visual (la que están viendo escrita en itálico), es un sonido también, es una forma de poner la boca, lengua, labios y todo aquello que usamos para pronunciarlo... todos esos acontecimientos sensoriales que se agrupan para formar esa entidad simbólica que sirve únicamente para referirse a otra parcela de la representación son ya en sí agrupaciones arbitrarias de eventos interiores. El plano lingüístico es entonces de la misma naturaleza que el plano de la representación, es algo así como un desdoblamiento de esta. La utilidad de distinguir el plano linguistico como algo diferente al plano de la representación viene de esa curiosa propiedad que le asignamos de ser el espejo, de representar la representación.
Entendido así, el lenguaje de los hombres puede no ser tan original: cuando le digo a la Pepa (mi perrita) que dé la pata, la da. En su cabecita la orden “dame la pata” ya está bien ligada con el hecho de levantar la pata de buena gana... tan unidas están esas dos cosas en su cabecita de perro como en la mía están unidas la palabra Pepa con la imagen de ella. Los animales también tienen parcelas de representación (un sonido por ejemplo) que remiten a otras. Me parece importante notar esto, porque si queremos aislar aquello que nos distingue de los animales, nos damos cuenta que no es el lenguaje en si, sino la arbitrariedad con que construimos  este espejo de la representación, la libertad con que asociamos una cosa con otra.

Categorías  los signos vienen a ser una compartimentación de la representación, siendo los lenguajes verdaderas redes que cubren y parcelan el pensamiento... un signo remite a tal cosa, pero no a tal otra. Perro está ligado a un cierto grupo de eventos de la representación, distinto de los eventos ligados con la palabra cochayuyo. Los signos son pues pequeños compartimentos, categorías del plano de la representación. Las categorías pueden definir áreas de la representación más o menos precisamente. Hablando de colores por ejemplo, la categoría verde si bien remite a algo especial, no queda siempre claro donde empieza y donde acaba ese "algo"... a quien no le ha pasado discutir en algún momento si aquel color es más bien  verde o más bien azul... por eso se van inventando categorías intermediarias que cubren la zona en donde los limites de una y otra se confunden. Podría ser el caso de celeste por ejemplo.  En el lenguaje de las ciencias, las categorías ganan en precisión. Se trata de delimitar lo mejor posible cada término para que se sepa bien de lo que se está hablando. La red del lenguaje está muy lejos de tener mallas regulares... algunas no están bien definidas, se superponen unas a otras, algunas abarcan más y otras menos.
El lenguaje no necesariamente logra ser un espejo fiable del resto de la representación: hay cosas que podemos distinguir, pero a las cuales no podemos dar un nombre. Por ejemplo un niño quizás no pueda tener una palabra distinta de barco para referirse a un petrolero, pero no es porque no tiene una categoría más precisa (como es la palabra petrolero) que no es capaz de distinguir un petrolero de un bote de remos. Esto me parece bastante importante, porque he escuchado varias veces de que no hay razonamiento analítico si no estamos en presencia de lenguaje... pero las categorías lingüísticas son solo otros elementos más distinguidos (o sea separados) de la representación y luego asociados a otros elementos igual de recortados dentro del plano de la representación. Puedo ver un elefante en un prado, sin haber nunca sabido palabras para referirme al elefante y al prado, y sin duda tendría la capacidad de distinguir los dos elementos, y asociarlos con cosas que he visto anteriormente, sin tener la necesidad de ser capaz de nombrar eso tampoco. Somos seres racionales, si o si, y el lenguaje es solo una parte un poco más visible de eso.


Actos Vimos que había un vínculo entre el mundo exterior que perciben nuestros sentidos y el mundo interior que es representación del otro, reordenado en un sistema de asociaciones y con algún elemento añadido por ahí como son las emociones.
Este vinculo, esta correspondencia entre el mundo exterior e interior se mantiene también en el otro sentido, cuando es un acto de mi voluntad (por dentro) que tiene consecuencias exteriores. Cada acto y  cada palabra tiene un vínculo con el mundo interior que lo concibió. Si ahora me voy a lavar los dientes y no me voy a dormir es porque hay una voluntad mía, interior, que decidió hacer esto y no lo otro.
A veces hacemos o decimos cosas inconscientemente, pero aún así estas cosas también tienen sus correspondencias interiores, como costumbres, asociaciones habituales que tienden a encadenarse mecánicamente y que están al origen del acto despreocupado. Asi como cuando una persona interpela a un francés y que este responde “oui” a pesar de saber muy bien que está en un país hispanoparlante. Y es que la interpelación “hey, Robert !” esta asociada en la mente de este francés llamado Robert con una respuesta hecha automática, repetida de toda la vida: “ouiii ?”
Esta correspondencia puede ser más o menos evidente... si alguien sentado a la mesa me dice “dame la sal por favor” entiendo eso... si en cambio su enunciado busca engañarme, entiendo eso pero sus motivaciones son distintas a las que aparenta. Pero incluso en el caso de la mentira más extrema, el enunciado, el signo que se exterioriza nace de una voluntad bien precisa de engañar... por lo que siempre hay un vínculo entre lo que se exteriorisa con nuestro mundo interior.

El acto, sea el que sea de todas maneras tiene un peso diferente que el pensamiento. Primero porque es una jugada que afecta la realidad física, sobre la que se sostiene mi propio ser. Puedo imaginarme saltar de un precipicio y caer de cabeza en el agua sin que pase nada, pero si lo hago pongo en peligro nada menos que mi vida biológica. El acto también se vuelve más pesado por ser una “jugada” que es hecha a la vista de todos, en ese espacio público que es el mundo exterior. Cuando el pensamiento se vuelve acto, inevitablemente se socializa, toma un peso humano que ya no solo me involucra a mi. Un padre puede estar harto de su esposa que es media histérica y de sus hijos que no le obedecen, pero el día en que los abandona, ese pensamiento, desde ese mundo interior en donde podría haber desaparecido para siempre, se abalanza hacia el mundo exterior en donde se vuelve daño para otros.

Signo (fenómeno exterior) Los signos son lo mismo que cualquier otro acto en cuanto son gestos de la voluntad que se ubican fuera del espacio privado e inaccesible para los otros que es mi memoria. Los signos (palabras orales, escritas, interjecciones, vituperios, señales de humo, guiños, carraspeos, gestos y un laaaargo etc) son actos que estan ligados por convención a ciertas cosas que se van aprendiendo por el camino viendo el juego de la sociedad.
Cuando una madre sale de paseo con su hijo que está aprendiendo a hablar, y los dos se encuentran con un perro, la mamá exterioriza el signo que se acostumbra asociar con el animalito (pronunciando “perro”) y el chico, teniendo ahí adelante y en el mismo momento el objeto y el signo, los asocia.
Más tarde cuando el perro ya no esté en frente de ellos, el signo perro seguiría refiriéndose al conjunto de proyecciones que el perrito produjo en el mundo interior del niño. En este momento se evidencia la abstracción: el signo ya no se refiere a un objeto que está ahí, puesto que el perrito ya no está, sino que se refiere únicamente a la idea o representación interior de perro. La asociación siempre se hace en el plano de la representación, pero el tener el objeto adelante todavía deja abierta la posibilidad de modificaciones desde el exterior de la idea interior (representación mental), mientras el objeto está ahí, la proyección en el plano de la representación no está resuelta. Cuando el objeto ya no está, solo queda la idea, las imágenes, sonidos, olores que dejo el objeto en el mundo interior.
Así como la experiencia del objeto fue parecida (la mama y el hijo vieron al mismo perro en el mismo momento) también lo fue la idea que cada cual se hizo en ese instante. Pero las experiencias solo son parecidas, pero no estrictamente iguales. El niño vió al perrito desde su propia altura, desde un ángulo distinto al de su mamá, con una atención distinta también, mirando cosas distintas quizas (el podría haberse fijado sobre lo raro que son los labios de perro, mientras que ella, preocupada por la seguridad de su hijo se fijó más en que movía la cola y que tenía ojos que se veían amistosos). Cuando se vuelva a invocar ese conjunto de modulaciones que suenan “perro” y que fue asociado con el animalito, su significación ya va a ser distinta para los dos. 
La vida de dos personas puede acercar o apartar la idea que tienen ligado a un mismo signo... un tipo que solo ha visto chihuahuas, quedará todo extrañado al ver un gran danés, una persona que siempre vio perros callejeros medios salvajes y perros guardianes agresivos, tendrá unas pocas dificultades en convenserse de que Pepa (mi perrita) es una maravilla de dulzura. El parecido de la idea es lo que garantiza la eficiencia de la comunicación, de ahí que mientras más precisas sean las categorías que se manejen (decir |pastor aleman de 3 meses| en ves de |perro|) más posibilidades hay de que estemos hablando de lo mismo... o mejor dicho de algo más similar.

Los signos son de alguna forma cascarones vacíos que cada uno rellena con lo que tiene en su propia memoria. Como etiquetas iguales sobre cajas que contienen cosas distintas. Cuando uno comunica, o sea cuando uno emite signos, no comunica lo que tiene en la cabeza, sino que uno exterioriza un signo que sugiere al otro cosas parecidas a las que ese signo me sugieren a mi.



Discurso  El discurso es un encadenamiento particular y voluntario de signos, que, como ya vimos están cada uno vinculado con una área particular de la representación, por lo que el discurso sugiere a medida que se desarrolla, varias partes de la representación sucesivamente. Por ejemplo el enunciado |me encontré con un perro| remite  a 4 elementos :
1) a la parte de la representación mental que se tiene del individuo que está hablando (sujeto “me”)
2) a la representación que se tiene de |perro| con sus respectivos colores, sonidos, texturas etc.
3) a una relación entre los dos: un encuentro.
4) también a la relación entre los interlocutores y la acción sobre el plano temporal. El enunciado situa el encuentro en el pasado.

Ya vimos que un signo es también una categoría en cuanto delimita una cierta parte determinada de la representación. Esto significa que cuando se exterioriza un signo, se sugiere un cierto conjunto de representaciones. Si digo |mar| sugiero una realidad compuesta de varias representaciones mentales (gustos, colores, olores, ruidos y todas esas sensaciones marinas). Pero este conjunto de representaciones relacionadas que forma una estructura no dependen todavía del que exterioriza el signo. Mi experiencia del objeto exterior “mar” determina la estructura de representaciones asociadas que me sugiere el signo |mar|. Cuando un tipo frente a mi dice |mar| no sugiere ningún orden que no sea el mío propio, el que se formó por la forma en que yo he estado en contacto con el objeto.

En cambio si enuncia la secuencia |mar amarillo| suponiendo que yo no haya visto nunca un mar amarillo y no se me hubiera ocurrido nunca la asociación, ahí estaría sugiriendo una asociación de representaciones, un ordenamiento que no es fruto ni de mi voluntad, ni de mi experiencia, sino de la voluntad del que exterioriza esa secuencia particular de signos.

El discurso de otro se refiere a ciertas parcelas de mi mundo interior, pero en un orden que no es el mío. El discurso de una persona reordena lo que la persona que lo escucha tiene en el mate (2), de manera que el resultado sea parecido a lo que tiene la primera. No comunicamos palabras, o cosas... comunicamos orden. Orden del plano de la representación ageno.

Por ejemplo he escuchado muy seguido que los gatos son traicioneros. Tengo un tío por ejemplo que tiene una fe kirkegardiana en esta idea... y cuando el argumenta: “El gato de la vecina se roba mis calsoncillos recién lavados cuando están colgados en el jardín”  yo lo entiendo a pesar de que nunca haya visto el susodicho saltar para atrapar un calsoncillo medio humedo y luego huir felicitandose de la prenda que acaba de procurarse... De hecho, ustedes también, que han visto gatos, que han visto calsoncillos, que han visto ropa secándose, pueden representarse la escena mentalmente y espantarse por el crimen de alta traición que están presenciando... pero solo están poniendo una al lado de la otra ideas que ya tenían pero que antes no estaban juntas. La anécdota relatada (secuencia de signos) no entrega la experiencia de mi tío tal cual, sino que reordena su arsenal de representaciones mentales de manera a que el sistema formado, con las relaciones particulares entre cada elemento, sea un orden que represente el de la idea que tiene el que narra la historia.

Dije que discurso era una secuencia de signos, y que estos eran gestos exteriores de la voluntad (de manera que son visibles para otros) y que además están ligados por convención con ciertas áreas de la representación. Estas definiciones permiten reconocer la existencia de un discurso no verbal, constituido por secuencias de signos no hablados. Por ejemplo, soy capaz de expesar: “acércate, y mira ahí” solo con dos o tres gestos que no se encuentran en nigún diccionario y que probablemente nadie me haya definido nunca asi como: “este gesto de la mano, significa que quiero que vengas”. El solo hecho de que tengamos claro que tal gesto quiere decir “ven” o “acercate” y que no hayamos visto nunca nada más académico que situaciones como una mamá invitándonos con una gran sonriza diciendonos  “ven” y haciendo al mismo tiempo ese gesto particular, muestra que hay una multitud de asociaciones mentales vinculadas con signos que pasan casi desapercibidos pero que son sin embargo secuencias sígnicas de verdad, o sea que son discurso.

Amán este verbo hebreo (amn) habla de un gesto o una acción del espíritu humano que es absolutamente primordial, cotidiano e inevitable. Dentro de nuestra cultura el concepto tiende a ser separado en dos campos semánticos distintos. Por un lado hablamos de la confiansa, la creencia, la fe. Por otro hablamos de la confiabilidad, de la credibilidad, de la fidelidad. Una persona que confía, es para nosotros algo distinto a una persona que es confiable. En nuestra cultura uno no implica necesariamente lo otro.  Sin embargo ambas dimensiones estan absolutamente ligadas en la práctica, y a pesar de que nos refiramos a esta realidad de fe/fidelidad con categorías separadas, estas terminan confundiendose naturalmente.En Chile por ejemplo decimos “dar confianza” para significar indiferentemente que alguien inspira confiansa (ej: “ese tipo no me da mucha confiansa”) o que alguien confía (ej: “yo no lo puedo tutear, ne me ha dado suficiente confiansa”).
Esta confusión es absolutamente natural y adecuada. Porque cuando uno confía en algo o alguien, es porque esa persona u objeto nos parece confiable. Y al mismo tiempo, si uno confía en algo o alguien automáticamente se compromete con esa confiabilidad que vió en el otro, y por lo tanto se vuelve confiable en relación a esa creencia.

Por ejemplo:
Si mi gato confía que yo le voy a dar de comer, yo puedo confiar que el va a volver a buscar su comida. El confía en mi compromiso de darle de comer, yo confío en su compromiso de de confiar en el mío.
Si yo confío que una silla está en buen estado y me puedo sentar sobre ella, la considero confiable. Esta creencia a propósito de la silla me lleva a no temer sentarme sobre ella. Si me siento sobre ella, demuestro que esa confiansa que tengo en la silla se traduce en un compromiso con esa creencia. Pero aunque no me sentara (porque no tengo ganas por ej) aún asi al haber creído que la silla era firme, me comprometí con esa creencia de la firmesa de la silla, y no con otra, como sería que la silla se va a desarmar apenas la toque, o como sería créer que la silla se va a poner a volar conmigo ensima.
Este compromiso con esa creencia de la firmeza de la silla, significa que yo me he vuelto confiable, o consistente en relación con la idea que tengo de la silla. Alguien podría ofrecerme ese asiento con toda confiansa, sin miedo a que yo dude de la firmesa de la silla.

Así, ambas partes en una relación confiansa/confiabilidad se comprometen una respecto de la otra, reconociendo al mismo tiempo el compromiso de la contraparte. La noción de “compromiso” es pues una categoría que usamos normalmente para referirnos a eso que une confiansa y confiabilidad.

Como se puede ver fácilmente, no nos escapamos nunca de esta acción de amán (tener fe/fidelidad). Cuando creo lo que sea, me comprometo con ese “lo que sea”. Cuando tengo fe en algo, me comprometo inevitablemente con ese algo. Ese algo puede ser muy variado, desde la creencia de que una silla es firme, hasta la creencia de que no existen verdades absolutas. La fe es esa capacidad nuestra de tomar algo como verdad.
Todo el pensamiento humano es reducible a ese gesto de confiansa compromiso. Tomo algo como realidad, o no lo tomo. Confio en una idea, o la rechazo. Digo "esta cosa es", o "esta cosa no es". Por eso que cualquier lenguaje es reducible a un lenguaje binario, ser/no-ser, ceros y unos, lo tomo o lo dejo. No puedo pensar fuera de las categorias de ser y no ser. Por más que camufle la ley de no contradicción (si algo es algo, no es otra cosa) diciendo que la verdad es obtenida por un proceso dialéctico, por más que me esfuerse en probar de que se pueden pensar las cosas de otras formas, quedo irremediablemente prisionero de aman, lo tomo o lo dejo. Cuando digo cosas como “la verdad no existe” o “yo no existo” o “el mundo es una ilusión” estoy afirmando. Estoy diciendo que asi es la cosa. El tema de la ley de no contradicción, y de las categorías de ser y no ser son temas bien conocidos por los filósofos. Sin embargo lo que me interesa aqui es destacar lo siguente: cuando afirmo algo, cuando creo algo, inevitablemente lo hago mío y el resto de mi pensamiento o acción se alinea sobre esa creencia.

No es posible vivir sin  aman, no se vive sin fe/fidelidad, eso no existe para un ser humano normalemente constituido, y cualquier persona que piense que puede vivir sin tener fe, está engañada.  Cuando dice  "yo no tengo fe" o "yo no puedo tener fe" esta demostrando exactamente lo contrario, porque afirma su fe en el hecho de que no tiene o no puede tener fe.


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(1)  En el sentido que es algo que compartimos con ellos, pues claramente ellos también se representan al mundo en sus cabecitas, se acuerdan de cosas etc.

(2) Para aquellos que por estos hazares de la vida no estén familiarizado con el lenguaje coloquial sudamericano esta palabrita "mate" que se usa para referirse a la calabaza, metafóricamente designa la cabeza, y por extensión la mente. Un mate que cruje, es una cabeza que piensa.

(3) Según la Real Academia significa bien presentado, atractivo.

(4)  Para los que estén perplejos nuevamente majamama significa algo así como mazamorra, una mezcla de cosas irreconocibles, una confusión de cosas (Dios mío! que manera de usar tecnicismos... perdón. Los pseudo intelectuales compartimos el gusto por la ostentación verbal) .

(5)  en este ensayo el término va a significar simplemente un conjunto cualquiera de asociaciones.

(6)  Que me perdonen los que saben y que se escandalizan por el uso torpe de las palabras. Sepan en todo caso que uso en este texto los terminos proyección,  fenomeno, evento, acontecimiento, como sinónimos, queriendo referirme a lo que aparece o sucede en el  plano de la representación mental.

(7)  Huizinga, Johan, Otoño de la edad media: estudios sobre la forma de la vida y del espiritu durante los siglos XIV y XV en Francia y en los Paises Bajos Editorial Alianza, Madrid 1930.

(8)  Término chileno para decir “novia” o “fiancé”

(9)  Por lo menos en nuestra experiencia humana... los cristianos por ejemplo, acostumbrados a la idea de un ser que se encuentra por encima de nuestro tiempo, objetarían que lo que está en el pasado, y en el futuro, para nosotros, está ahora para él, observador fuera del tiempo.

(10) Adjetivo chilenísimo que significa desnudo, sin vestido.