Evanescence

Erase una vez, Evanescence
Bring me to Life, una perfecta ambigüedad
Ambigüedad existencial, palabras que no alcanzan
Evanescence, o la propuesta de Amy Lee
Una pista mejor

Erase una vez, Evanescence

El día en que pregunté por esa canción que escuchaba por todos lados, y que recibí como respuesta un nombre, “Evanescence”, fue el día en que empezó a desarrollarse en mi una especie de curiosidad por ese grupo. Para decirlo sencillamente: me llamó la atención. Y es que cuando uno escucha Amy Lee clamando “wake me up inside” sobre un fondo de guitarras eléctricas da la impresión que todas la tripas que uno tiene vibran junto con el mundo entero, como si estuviera gritando toda la ira, la tristeza, algún ardiente deseo o negra nostalgia existencial… no se. Lo seguro es que hay un estremecimiento, y un estremecimiento compartido por muchos si se ve el éxito que tuvo el grupo… nada menos que 5 nominaciones Grammy.

Buscando un poco de información en Internet, me encontré con una entrevista (1) que hablaba de una situación realmente ridícula. Y es que, al parecer, el grupo tuvo un excelente recibimiento en círculos cristianos, tanto así que los vendedores de productos evangélicos se precipitaron para hacer un stock de discos de Evanescence para poner en sus vitrinas y no quedarse atrás. Si este consumismo cristiano ya lleva en si un presagio de desajuste, la cosa queda clara cuando los tontos caen en la cuenta de que Evanescence no es ni lejanamente un grupo cristiano, quedando los miembros del grupo casi tan perplejos como los tarados mercaderes-del-templo que se felicitaban de tener una ocasión más de maximizar sus beneficios.
En realidad esta ridícula confusión no tiene nada extraño. Ya existen tantos grupos que, llamándose cristianos, tratan de probarnos por su estilo que no lo son, que el look de Evanescence no bastaba para provocar la duda del público creyente acostumbrado a consumir productos más negros que los más satánicos. Con respecto a las palabras de las canciones, tampoco es fácil ver nada claro.  En la disquerías evangélicas se encuentra letras tan ambiguas que de no ser porque se encuentran en discos de grupos ya identificados como cristianos, difícilmente se podría inferir de sus palabras sus convicciones religiosas.
Para aumentar la confusión, la canción de Evanescence que se escucha por todos lados “Bring me to life”, bien podía llamar la atención de los mercaderes en el templo, pues es el grito de una persona que pide ser salvada de le muerte, de la nada.  “Ajá” pensaron ellos, “aquí hay letra evangélica camuflada” y en tres patadas ya habían pedido al label cajas enteras del disco que se alegraban de poder vender.


Bring me to Life, una perfecta ambigüedad

Si nos detenemos en las palabras de la canción, nos damos cuenta de algo curioso. Si tomamos una frasecita del refrán como “sálvame de la nada que me he vuelto” parece estar llena de significado. Y bueno, efectivamente hay algo elegante en la fórmula, porque bastaría decirlo de otra manera “sálvame de mi sentimiento de soledad que ha crecido mucho en mí” para que la linea pierda de su fuerza. “Me he vuelto la nada” expresa en menos palabra una identificación mucho mayor con esa falta de vida, con ese vacío interior, la afirmación suena mucho más patética que un simple “me siento solo”.

Si lo pensamos un poco más, pedir ser salvado de la nada, es anhelar fuertemente lo contrario… pero ¿que cosa es lo contrario de la nada? La respuesta que surge naturalmente es por supuesto, todo. Pero eso significa que lo que Amy Lee pide a gritos puede ser todo y cualquier cosa. Ahí cada uno rellena con el tipo de salvación que anda buscando. La interpretación más fácil es pensar en una persona, pues la canción es claramente dirigida a alguien. Además las metáforas del frío interior son muy fácilmente asociables al plano de las relaciones. Decimos que una persona es fría cuando es poco sociable. Hablamos del amor como algo cálido. Solamente en este nivel de interpretación ya la gran mayoría de los seres humanos se pueden sentir concernidos por el tema de la canción, pues todos vivimos de nuestras relaciones, y todos en algunos momentos nos sentimos solos y con la necesidad de alguien.  Sin embargo “Bring me to Life” es bastante más polivalente que una canción de amor. Como suele suceder en el uso del lenguaje, esa persona a la cual se está hablando también puede ser un objeto, es la argucia literaria que conocemos como “personificación”, proceso del que hacemos amplio uso. Le ponemos nombres a las casas, a los barcos, personalizamos conceptos tan abstractos como la libertad o la justicia con estatuas de mujeres, y no nos parecería raro ver un borracho desesperado hablarle a su botella de vino como si fuera su mejor amiga. La salvación de la que habla Evanescence podría ser fácilmente entendida como cualquiera de la multitud de soluciones que los hombres encuentran para la multitud de sus problemas. Decimos por ejemplo que nos aburrimos a morirnos, lo que muestra que se puede pensar en salvaciones tan poco románticas y tanto más variadas como un buen juego de video, una película de acción, o un partido de fútbol.

Tan real es esta polivalencia del enunciado, que podemos toparnos con “Bring me to Life” en los lugares más inesperados, como por ejemplo en un clip de la fuerza area suiza (2). Allí podemos ver un verdadero festival de Mirages y F-18 surcando los cielos y haciendo acrobacias, todo eso sobre el fondo de los “wake me up inside” y guitarras de Evanescence. Lo más interesante de todo esto, es que aún cuando se tiene en mente algo tan alejado del amante desesperado como son esas espectaculares máquinas de guerra volando por sobre los Alpes, aún ahí la canción parece ajustarse perfectamente a la situación, y todavía encuentra un eco en nosotros. La ambigüedad del enunciado esta acompañada por algo que es el común denominador de todo anhelo humano: la vehemencia, la exageración. Todos conocemos esa proclividad humana a utilizar superlativos cuando algo nos afecta. Un enamorado todo lo pude, ir a la luna si es necesario, en los momentos alegría el mundo entero parece ser inundado por el sol de nuestro sentimiento, y todos sabemos que la tristeza o la dedepresión lo tiñe todo de colores oscuros y dolorosos. Es esa fuerza, propia del sentimiento humano, que los clamores de Amy Lee y las guitarras de Evanescence representan tan bien, y es por eso que a todo el mundo le hace algo en el estómago… todos vivimos con emociones, que en si siempre llevan esa exageración, ese anhelo de plenitud. Toda persona pasa por momentos en que querría poder estremecer una ciudad entera con un rugido, de rabia de tristeza pero también de alegría. La perfecta ambigüedad (o sea la vaguedad, la no definición) de las palabras de “Bring me to Life” y la acertada vehemencia del torrente de sus vibraciones queda sellada por esa última paradoja: Evanescence es el desencanto encarnado, Evanescence canta a la nada, a la muerte y a la ilusión perdida, y sin embargo el alegre feliz podría sentir su euforia perfectamente representada por el refrán de “Bring me to Life”. Uno sin ninguna dificultad podría verse en un estadio, como un lloroso Maradona blandiendo una gran copa, provocando un de esos estruendos audibles solo en un estadio de fútbol.


Ambigüedad existencial, palabras que no alcanzan

La ambigüedad del enunciado que permite la proyección de cualquier anhelo, tiene su reflejo inverso en otro fenómeno: la ambigüedad del anhelo, que a su ves permite usar cualquier enunciado para representarlo.

Quiero partir de un ejemplo de la vida real, el de un joven con el que hable hace poco. El enarbolaba con orgullo una cruz invertida en su negro atuendo, y conversando me dijo dos cosas 1) que no le interesaba para nada “la religión” porque estaba resentido con Dios, pues le había arrebatado un ser amado y 2) que nunca podría aceptar el evangelio porque nunca querría arrepentirse de las cosas que había hecho. No me dijo en que estaba pensando, pero me dejó entender que se había portado muy muy mal.

La primera afirmación se refería a una niña que había sido su polola, y que para más remate era cristiana. Yo le dije al chico que si ella había pasada a una vida mejor, sin duda querría que el también la siguiera ahí. El admitió con gusto que existía la posibilidad de que si el se iba al paraíso podría pasar una eternidad con su amada, y ahí es donde me dijo, que en realidad no era una cuestión de querer o no estar con ella y que la razón era en realidad otra (la segunda afirmación). En la primera afirmación ya podemos ver que el chico esta en realidad bien confundido. Dice con mucha facilidad que está muy enojado con Dios porque no lo deja estar con cierta persona, mientras admite igual de naturalmente que sí lo dejaría estar una eternidad con ella. Si ponemos entre paréntesis el razonamiento que no vale un peso, nos quedamos con que lo único que tiene claro en realidad, es que sintió algo muy fuerte cuando ella murió. El error está en que llamó “resentimiento contra Dios” algo que era simple y crudamente rabia y tristeza, tanto así que el mismo se pudo dar cuenta conversando que “resentimiento contra Dios” era un mal nombre.

La segunda afirmación (que nunca se arrepentiría del mal que había hecho) obedece al mismo principio de confusión. Resulta que el estaba claramente reaccionando contra el cristianismo (que el llamaba “la religión”) y creo darme cuenta muy bien porque. En cualquier religión barata (que aparece inevitablemente cuando hay religión, así como surge filosofía o política barata cuando hay intenciones de hacer filosofía o política) se presiona a la gente para que aparenten ser algo que no son. ¿No te sientes como un cristiano con el deseo de amar tu prójimo? No importa, finge que lo amas, te dicen. Cuando una persona le han dicho durante toda su vida que debe andar con terno y corbata y olvidarse de como es por dentro, viene un día en que todos los cuestionamientos y dudas que están dentro salen fuera, arrancan la corbata y empujan al susodicho a hacerse una rabiosa cresta verde sobre la cabeza. Si además de la cresta verde, el individuo le escupió al pastor en la cara, y dice que nunca se va arrepentir de haberlo hecho… bueno, en primer lugar cabría preguntarse si el escupo no sería en realidad lo más adecuado para tratar con ciertas sonricitas hipócritas. No olvidemos que el propio Maestro usó un látigo y fuerza bruta contra los mercaderes del templo (esos que si vivieran hoy venderían CDs de Evanescence). Pero aún en el caso en que el chico rebelde hubiera hecho algo terrible, no solo escupirle al pastor, pero violar a su hija, o quemarle la casa, es muy importante entender que esos actos exteriores son el signo vehemente de la realidad interior, de odio, resentimiento y sincera maldad. Esa realidad interior que un cristianismo adulterado se empeña en esconder. El ser sincero de una ves por todas, aceptando verse a uno mismo como es, si bien puede ser horrible y doloroso, es absolutamente necesario si se quiere una solución de verdad. Si una persona tiene un tumor al cerebro, y se obstina en no hacerse exámenes diciendo que solo tiene un dolor de cabeza, va a seguir tomando inútiles aspirinas hasta que se muera. Mientras que el tipo que reconoce su miserable realidad puede ser operado y salvado.
Creo que este joven al decir que no se arrepentiría nunca de lo que había hecho quería decir que nunca se arrepentiría de haber sido honesto y de haber roto la máscara que la gente se empeñaba en ponerle sobre la cara. Gracias a ciertos cristianos hipócritas, el ahora llama erróneamente “arrepentimiento” algo que debe llamarse “cubrirse la cara”. Nadie le ha dicho aún que el verdadero arrepentimiento solo puede existir para los que tienen la honesta violencia de arrancar los paños que le ponen en la cara, y que no se arrepienten de haberlo hecho.

De este ejemplo surge pues algo bien concreto. Vimos que a falta de una religión verdadera, a falta de una religión hecha de palabras que concuerdan con la vida real, palabras que recogen la realidad de su humanidad, esa que se entristece hasta la muerte y odia hasta matar, el joven echó mano de lo que mejor representaba la tormenta que se había vuelto: las guitarras estridentes, el look sombrío y las cruces invertidas del rock pesado. Pero, así como las palabras de la pentecostal familia de su polola no fueron suficientes, tampoco lo son las de sus grupos de rock. No lo digo porque subestime el poder de las narrativas que no son las mías, sino porque basta con considerarlas un poco para darse cuenta que no se sostienen. Esos jóvenes que se pasean vestidos de vampiros, o que pegan posters de cadáveres descompuestos en sus habitaciones no son ni un cuarto de lo que ostentan. Ese mismo chico era de una simpatía y de una apertura que contrastaban con sus uñas puntiagudas pintadas de negro. Es el tipo de persona lista para hablar y dar razones de su actuar, cosa que no es mínima, porque implica una identificación esencial con el interlocutor. ¿Quien argumenta con alguien que sabe que nunca podrá entenderlo? Nadie al entrar en un restaurante chino trata de explicarle al pez del acuario el porqué de las cosas. Este tipo de contraste entre las formas adoptadas y la vida real de la persona también tuve la ocasión de verlo durante todo un año en una niña (eramos compañeros de curso) que convivía con todo un estilo que llaman “gótico” hecho de franelas negras y objetos mórbidos…toda una parafernalia de calaveras, ataúdes, garras e imágenes de vampiras voluptuosas. Esta chica, a pesar de cultivar con su maquillaje y otra multitud de cosas este look sombrío y provocador, tenía un cómico (por lo desajustado) amor por los gatitos ronroneantes, y por peluchitos rozados que tocarían el corazón de cualquier chica de su edad. Igual que el otro chico, era sensible a los otros y disfrutaba de una buena amistad como las que todo mortal querría. También se que pasó, y quizás este pasando todavía, por situaciones difíciles, y el hecho mismo de que estos jóvenes vestidos de negro sean sensibles a estas situaciones de abandono, de soledad, y que griten su agonía en el mundo de los vivos con sus ropas testifica de que están vivos, tal vez más que muchos otros humanos más o menos cómodos en su vida. Son este mismo tipo de chicos que se emocionan viendo una película como “The Crow” la historia de un amante asesinado que sale de su tumba para vengarse. ¿Que nos dice un muerto que vuelve a la vida? …Que la ama lo suficiente como para hacer el imposible ejercicio de volver. Ese muerto romántico nos cuenta que ama la vida más que ningún otro. Muchos son los adherentes al movimiento Goth que dicen amar la vida, y que ese amor es incluso algo inherente a su estilo (3). Es evidente en ese caso que la apariencia no es más que eso, apariencia, que bien podría ser reemplazada por cualquier otra. No solamente puede, sino que debe ser reemplazada por otra, pues este tipo de estilo lleva en si una pregunta, una problema no resuelto. Una persona que ama la vida pero que se disfraza de muerto es una persona que no sabe donde está parado, esta vivo, pero tiene entre brazos el problema de la muerte. Ama la vida pero no puede dejar de pensar que las cosas pasan y el también.

Esta persona, viva pero que no puede despegar los ojos de la muerte, tiene 2 grandes opciones, dos grandes polos entre los cuales se inscriben una serie de posibilidades que son en realidad variantes de la expresión de la contradicción entre los dos extremos.  
La primera gran opción es escoger la vida, encontrar  un sentido (acertado o no) a su propia existencia, poder decir en algún momento en virtud de algo que la vida vale la pena ser vivida. En el mejor de los casos la persona descubre EL sentido de la existencia y vive de verdad. Si piensa encontrar un sentido, pero que este no es el verdadero sentido de la existencia, es solo una invención, una ilusión elaborada más o menos finamente, pero que tarde o temprano terminara por manifestar su desajuste con la realidad. La elección de la opción “vida” se manifiesta naturalmente por una vuelta a la normal en la apariencia, pues si la muerte ya no es un problema y lo que me interesa es la vida, no necesito cultivar el recuerdo de la muerte con mis accesorios “góticos”.  También es posible optar por la vida conservando la apariencia sombría (ahí creo que en eso está la gran mayoría de los que se llaman “góticos”). La persona se acomoda, y se resigna a coexistir con la contradicción latente del dolor y la muerte. Es una persona resignada a vivir sabiendo que vivir a veces duele, sabiendo también que al final se va a morir, y que manifiesta esta conciencia un poco más extravagantemente que los otros, pero en el fondo ese estilo que cultivan es solo una cáscara vacía, porque no es la negrura de sus vestidos y el horror de sus imágenes que los vuelven más conscientes del problema del dolor y la muerte. Basta con vivir para estar constantemente confrontados con esa realidad. Hay injusticias por todos lados, dolor por todos lados, muerte para todos, tarde o temprano.
La segunda gran opción es escoger la muerte, llegar a la convicción total de que la vida no vale la pena ser vivida, y optar por el suicidio, el escape. Dígase de paso que hay varias formas de suicidio, el suicidio físico, es la forma más radical, la más honesta. Ciertas formas de meditación son un verdadero suicidio mental (estoy pensando en la propuesta de Sri Nisgardata en particular (4)) las drogas, el alcohol, la huida en las diversas formas de entretención que propone nuestra sociedad. El conjunto de estas formas mitigadas de suicidio conforman el área en donde se contraponen en diferentes combinaciones los dos extremos, vida y muerte. La persona que se debate entre estos dos polos, demasiado apegada a la vida como para abandonarla por completo, pero que no sabe como vivir y se suicida a medias recurriendo a las diferentes formas de escape, es a fin de cuentas, un verdadero muerto viviente. Los disfraces góticos son quizás lo más honesto para este tipo de existencia. En este area en donde se mezclan la muerte y la vida, se encuentra también la opción especialmente chocante del que, para comunicar el horror de su vida de zombie, decide no solo vestirse de negro, pero también matar. Pasar la ira del absurdo sobre unos cuantos otros, apagando a balazos unas cuantas vidas inútiles a su alrededor. Cuando algunos periodistas avanzaron que los jóvenes que habían planificado la matanza de sus compañeros de colegio en Estados Unidos eran parte del movimiento “Goth” muchos otros que no llegaron al extremo de estos pocos se quejaron de ser comparados con estos antisociales. Sin embargo deberían tomarlo muy en serio, porque ellos no hicieron otra cosa que empujar un poco más lejos la aplicación del mismo pensamiento: la vida no tiene valor, se resume en un dolor y una cólera efímeros, flor de odio que florece y se va, de unos seres anómalos (nosotros). El que no sabe de este dolor merece doblemente ser apagado: en primer lugar porque es su destino último, y en segundo lugar porque es demasiado débil o demasiado ignorante o demasiado estúpido para darse cuenta de su triste realidad. Una versión más mezquina del mismo principio es el caso de todo aquel que tiene una vida miserable y cuya única consolación es poder volver la de los otros por lo menos igual de miserable. Cuarentones frustrados, mujeres amargas… esa madre que nunca se pudo casar y que se afana en que ninguna de sus hijas se case, esos personajes que abundan en las teleseries venezolanas. Son pocos en realidad los honestos desgraciados que recorren hasta sus últimas consecuencias sus creencias, pero esos pocos que chocan al mundo suicidándose, matando a sus compañeros de colegio, esos pocos deben ser considerados quizás como los más representativos, en cuanto son el signo más visible de una sociedad cuyas palabras no están a la altura de la realidad. En una página web (5) dedicada a James O'Barr, el creador del personaje “the Crow”, leemos un audaz encabezado: “La vida es una  enfermedad incurable, cuyos síntomas son el nacimiento y la muerte”. La declamación parece tener algo de verdad, todos sabemos que al nacer estamos destinados a morir. Pero si tomaran en serio este tipo de eslogan, no les quedaría más solución que matarse, y a lo más matar a unos cuantos otros con ellos. Como dice G. K. Chesterton (6), si la gente pensara treinta segundos sobre lo que significa un enunciado que suena tan banal como “la vida no vale la pena”, se darían cuenta que el mundo entero estaría patas para arriba, se deberían condecorar a todos los asesinos, y encarcelar a todos los bomberos y médicos que se afanan en evitar que le gente se muera. Pero la gente no toma en serio lo que dice. En el mismo sitio en la biografía del mismo James O'Barr descubrimos que el también es un amante de la vida (frustrado por cierto), y que los mismos idiotas que pusieron el hueco eslogan en el título de la página hablan de la depresión de O’Barr y de su abuso de drogas como un mal capítulo de su vida sobre el cual no se debería volver. Pero si la vida es una enfermedad, ¿acaso no es la depreción y la droga lo más pertinente? ¿no son acaso el suicidio y el exterminio jugadas adecuadas? ¿O será entonces que la vida vale la pena?

Para redondear la idea, esta es la situación: “Bring me to Life” trae palabras ambiguas que nos ponen la mirada sobre una evidencia, la evidencia de lo torrencial de la vida emocional humana, la fuerza de nuestro anhelo. Las palabras claras, como serían los discursos de un cristianismo sincero pero mal informado, o los estilos cadavéricos y furibundos con sus más audaces signos de provocación, no alcanzan a dar cuenta de nuestra realidad, simplemente no se ajustan a ella.  Los cristianos se vuelven hipócritas o tiran todo por la borda, los niños de negro a pesar de su look espantoso no pueden evitar comportarse como humanistas románticos que dicen “no a la droga”. Simplemente estos enunciados no alcanzan a definir, no alcanzan a dar un cause a esta vida que se desborda de nosotros, y con la que no sabemos que hacer.


Evanescence, o la propuesta de Amy Lee

Volviendo a Evanescence, Amy Lee dice en varias ocasiones que sus canciones se inspiran de la vida real, de su propia experiencia. Pero ¿cual es esta vida real? La proposición de Amy Lee es todo menos vaga. Es cierto que al leer algunas canciones (7), como “Bring Me to Life”, “October”, “Guive Unto Me” o “Forgive Me” puede quedar la duda. La primera pide un salvador, la segunda es una historia al estilo del hijo pródigo de los evangelios, “Forguive Me” es del mismo tipo. En “Guive Unto Me” es el salvador quien habla prometiendo que el tomará todos sus sufrimientos en un gesto demasiado mesiánico como para ser confundido con otra cosa. Una persona de trasfondo cristiano entiende bien las alusiones al cristianismo, y no es sobre interpretar al grupo, pues es cosa sabida que los chicos del grupo surgen de este tipo de trasfondo. Eso queda claro en numerosas alusiones a Dios, a Cristo (8) incluso. En “Lies” hay una descripción muy clara del evangelio:

Canción
Traducción
But through my tears breaks a blinding light
Birthing a dawn to this endless night
Arms outstretched, awaiting me
An open embrace upon a bleeding tree

Rest in me and I'll comfort you
I have lived and I died for you
Abide in me and I vow to you
I will never forsake you
Pero entre mis lágrimas aparece una luz enseguecedora
Dando nacimiento a una aurora a esta noche sin fin
Brazos abiertos, esperandome
Un abrazo abierto sobre un árbol ensangrentado

Descansa en mi, y yo te confortaré
Y he vivido y muerto por ti
Sométete en mi (o también Sufre en mi) y yo te juro
Que nunca te abandonaré.

A medida que se van explorando las letras de las canciones, uno se va dando cuenta que esa imagen se va precisando, y no en el sentido que se podría esperar. La misma canción “Lies” (“Mentiras”) no lleva su título porque si. La primera estrofa pinta un cuadro triste:

Canción Traducción
Bound at every limb by my shackles of fear
Sealed with lies through so many tears
Lost from within, pursuing the end
I fight for the chance to be lied to again

You will never be strong enough
You will never be good enough
You were never conceived in love
You will not rise above
Cada miembro atado por trabas de miedo
Sellado con mentiras a través de tantas lágrimas
Perdido desde dentro, persiguiendo el final
Lucho por la oportunidad de ser mentido nuevamente

Nunca seras lo suficientemente fuerte
Nunca seras lo suficientemente bueno
Nunca fuiste concebido en amor
Nunca te sobrepondrás

Luego el refrán machaca:

They'll never see
I'll never be
I'll struggle on and on to feed this hunger
Burning deep inside of me
Ellos nunca verán
Yo nunca seré
Seguiré luchando para satisfacer esa hambre
Que quema profundamente en mi interior

Es en esta triste situación en donde aparece el evangelio, como una luz enceguecedora, reconfortante…pero… cuidado, el titulo dice que algo es mentira. La canción deja dos alternativas de interpretación: Es o la realidad de la lucha y del fracaso que es falsa, o la promesa de la luz y del evangelio. La respuesta está muy clara en varias otras canciones.

Contraste Ilusión / Realidad

En “Fields of Inocence” encontramos el relato del desencanto de una niña. Cuando no sabía gran cosa de la vida, todo era bonito, ahora que entiende las cosas un poco mejor, el propio sol parece ser más frío. La época de la niñez para Amy es la época de la creencia familiar, que no cuestionaba, el de la vida simple del niño que simplemente cree, y que simplemente vive.
“Exodus” relata con más crudeza como la niña se va, con una mochila llena de sueños rotos, abandonando la lucha por tratar de mantenerse jugando el juego de su familia y su niñez. El destino de su éxodo es frío y solitario (véase también “Solitude”), pero sabe que no pertenece a la ilusión que esta abandonando. La canción concluye con una patética afirmación: la consternación de este éxodo es mucho más grande para el que “no tiene nada en los ojos” es decir para el que ya no tiene ninguna ilusión, ninguna esperanza.

El tema de la ilusión y del sueño, equivalente a lo que es falso es recurrente en las canciones. El sueño es aquello que se anhela, lo que permite protegerse de los monstruos rugientes de la realidad (véase “Imaginary”). La realidad es otra, terrible por cierto, es una realidad en donde no hay nadie para acompañarte, una realidad en donde la persona se debate entre el dolor de estar vivo y el miedo a estar muerto (véase “Whisper”).

El sueño es también la mentira del juego que se finge estar jugando delante todos los demás (véase “Everybody's fool”), pero que se sabe muy bien ser falso, la realidad es una de soledad y sollozos desconsolados, siendo lo más terrible de la situación la ausencia de toda posibilidad de escapar (véase “Were will you go”).

Claro, está todavía la posibilidad de escapar en la ilusión y en la promesa imaginaria de una redención. Incluso a veces parece volver a ganar terreno (véase “Taking over me”) a veces parece incluso haber ganado como en “Surrender” o “Forguive me”, pero por mas que se luche por olvidar la triste realidad, su marca permanece indeleble como dice “Understanding wash it all away”. Este último título “la comprensión lo lava todo” se refiere a que el entender la realidad destruye todas las ilusiones, todos los sueños que la cubrían, que la mantenían en el olvido.

Curioso es ver como el concepto de realidad de Evanescence es por cierto muy coherente con el ambiente filosófico actual. Se cree en la razón en cuanto permite comprender (understand) la realidad, pero esta se revela vacía, absurda, cuya única alternativa es la huida en lo irracional (imaginary), la invención de sueños que la vuelvan vivible.

Plan de salvación, según Evanescence

En el mundo de Amy Lee hay sin dudas muchas alusiones a una salvación y a un salvador, pero este no es el salvador del cristianismo. “Farther Away” muestra al salvador huyendo, entregando todo menos “la razón y el porqué”. En “Anyway but here” se quiere huir a un país en donde no se necesiten más razones y donde uno se pueda entregar a la ilusión sin trabas. Hay pues un anhelo muy claro de perseguir este salvador que huye al país de lo sin-sentido. Si las mentiras del pasado se miran con nostalgia, no es solo porque se les tenía cariño pero porque sin ellas es imposible vivir (véase “Forguive Me” también las últimas lineas de “Understanding”) esta consideración es muy importante, porque, como ya dijimos, si la vida no tiene un sentido, si no vale la pena ser vivida por alguna razón, la única opción es el suicidio.
Sin embargo este amor al salvador ilusorio es a la ves odio, porque si no se puede escapar para ningún lado sin morir, tampoco es posible entregarse con verdadero amor a este seudo-salvador. La única rendición en “Surrender” es una resignación malsana. En esta canción la persona que quería huir se ve obligada a quedarse y a escuchar las palabras del extraño salvador. Este se presenta como un espíritu maligno que dice ser su dueño y del cual no se puede escapar, quiere tomar posesión de ella y reemplazarla, anularla. La rendición de “Surrender” es la de la mujer violada que se resigna cuando se ve irremediablemente atrapada sin ninguna posibilidad de escapar. Este espíritu que posee contra la voluntad y que habita Amy Lee está descrito con una coherencia sorprendente en “Haunted”. Es una presencia al asecho, que salva y que viola. Esta asociación de la palabra “salvar” y “violar” es por cierto extrañísima, incomprensible incluso si no se conoce el resto del repertorio de Evanescence. Cuando uno lo conoce en cambio, se entiende perfectamente, y la asociación cuadra. En “Hello” encontramos la confirmación de esta forma de entender la “presencia interior” de la que habla “Surrender” y “Haunted”. Ahí está nuevamente la ilusión salvífica en el cual ya no se cree, pero que empeña en resurgir en la conciencia de Amy como reminiscencia de su pasado cristiano.

La visión del la realidad de Evanescence queda plasmada magistralmente en “Tourniquet”. También es una canción que se mantiene algo oscura si no se conoce el pensamiento del grupo. Ya aclaramos sin embargo que en el mundo de Evanescence habían dos opciones, la realidad horrible que no vale la pena ser vivida, o la ilusión. En los dos casos solo queda una salida: el suicidio. Suicidio físico cuando se entienden las cosas claramente o suicidio intelectual cuando se logra olvidar la realidad recurriendo a una ilusión irracional. Dios es el torniquete (garrote del médico que permite detener una hemorragia) que impide que la vida (9) se escape de las venas, porque es la ilusión que mantiene vivo.
Pero Dios es el diablo de todas formas, pues en un caso El mismo es una forma de suicidio (el suicidio intelectual) y en el otro caso es él el culpable, la razón misma del suicidio físico y racional (por no estar ahí y dejarnos solos en la oscuridad). En esta canción, la ecuación cuadra de nuevo espantosamente bien.

El repertorio de Evanescence se perfila como una especie de red, cuyos hilos son lo suficientemente finos para no ser vistos si no se mira con algo de cuidado, pero hilos muy reales que unen sus canciones unas con otras en un tejido muy coherente. Este tejido muestra los rasgos principales de su forma de entender la realidad, el cual es pues el siguiente: Dios no existe, el evangelio es mentira así como el juego de la sociedad. La ilusión (de creer en Dios y en los juegos de la sociedad) es la única alternativa al suicidio físico.

¿Que es lo que queda frente a esta ilusión? ilusión que asecha y que viola, esta ilusión sin la cual no se puede vivir porque si no no queda nada, esta ilusión que empuja hacia el suicidio sea cual sea su forma… Solo queda la rebelión, el odio destructor, la rabia irracional, la violencia grosera de “Thoughtless”. Que la canción esta llena de odio es evidente. Que es una ira irracional, una rabia contra toda evidencia también es obvio. Se grita al objeto odiado que se seguirá luchando hasta derribarlo, aunque todos los otros valientes que lo hayan intentado hayan muerto en el intento y uno mismo esté perdiendo la pelea. Hay como un triunfo reconfortante del que está en el suelo siendo pateado, insultado, violado… y es que, a pesar de ser una situación sin salida, lo que triunfa es el odio que se eleva a pesar de la situación, el gesto de amargura rabiosa que nada puede aplastar. El grito de “Thoughtless” es que mientras permanezca la vida, se mantendrá por lo menos la actitud, el gesto de la voluntad que se opone a la realidad arrolladora y dolorosa. Por cierto, la opción de “Thoughtless” no es otra que la opción de la mujer de Job. Cuando esta ve que su marido está sufriendo, pacientemente y sin saber porque, ella le dice enojada: “Maldice a Dios y muere de una vez”(10). Curioso que Evanescence y Korn (la canción originalmente es de este otro grupo) no hayan sido más originales. ¿No será que el ser humano es siempre el mismo? Si es el caso, les adelanto el juicio de Job sobre Amy Lee: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado” (11).

La propuesta de Evanescence es al parecer, refugiarse en la ilusión. Si prefirieran sinceramente el suicidio, supongo que ya lo habrían llevado a cabo, y Amy Lee no andaría diciendo que le gustaría uno de estos día ser algo así como una ayudadora social, ni tampoco que toma muy en serio el hecho de que mucha gente tiene los ojos puestos en ella y que quiere ser un ejemplo (12). La otra posibilidad para explicar el cinismo de sus declaraciones, es que haya optado por una actitud conscientemente perversa, de tranquilizar a los periodistas y a las mamás que se preocupan por el tipo de música que escuchan sus hijos, para que a pesar de todo los hijos se traguen su basura. Pero no creo, la canción que exalta el odio irracional no fue escrita por Evanescence, y la mayoría de las veces cantan la oscilación entre dulce ilusión y triste realidad como si fuera algo con lo que se tiene que vivir. Además, como ya dije más arriba, son demasiado pocos los honestos desgraciados que toman en serio lo que dicen, y si existen satánicos militantes (que están conscientes de estar en una guerra en contra del cristianismo) solo se contentan de pintarse las uñas de negro y llevar poleras con blasfemas a las que no toman mucho el peso.

Se preguntara alguno de ustedes ¿Como una persona que canta el desencanto más completo, las soledad más pavorosa, y el asco más profundo frente a toda solución existente, puede seguir sin embargo viviendo tan tranquilamente? ¿Como es posible que haya una separación tal entre lo que se dice con las tripas cuando se canta, y lo que se vive el resto del tiempo? Es bastante simple. Cuando uno vive el resto del tiempo, sumergido en el juego de la sociedad, diciendo “buenos días” y “muchas gracias” cuando se supone que uno debería estar haciéndolo, es bastante fácil dejar las angustias existenciales de lado, incluso olvidarlas por algún tiempo. Tanto que incluso el poster más macabro que la persona pueda tener al lado de su cama no basta para volverlo a sumir en esa situación horrible de convicción de soledad y absurdo que canta Amy Lee. Cuando por alguna razón este sentimiento de angustia vuelve a aflorar, porque hay algún evento doloroso e incomprensible que sucede, o simplemente porque la monotonía de la vida vuelve a sugerir el “gusto a nada” de la existencia, el tomar conciencia de el, llorar a mares, gritar de desesperación y patear los muros de ira da una sensación de plenitud. Es la plenitud que evoca la potencia de la guitarras, los rugidos de Amy, es la sensación de totalidad que trae consigo la vehemencia del sentimiento. Las emociones tienen esa propiedad de invadir todo nuestro ser interior. Pueden ser más fuertes o menos fuertes, pero siempre son igual de invasivas, siempre tiñen todos nuestros pensamientos cuando están ahí. Una persona que vive contradicciones, una vida fraccionada por metas contradictorias, deseos contradictorios, o que simplemente está amargada por lo absurdo de su existencia (que es la contradicción última) encontrará especialmente agradable verse repentinamente unificada por dentro por un fuerte sentimiento. Los sentimientos de ira y de tristeza pueden ser como drogas, y presentarse como una escapatoria. Como también puede serlo cualquier otro sentimiento por cierto… cuanta gente escapa en euforias irracionales completamente desajustadas con la realidad (pensar en la euforia de los estadios por ejemplo).

Es interesante que la vida que nos fue dada, con su forma especial de percibir la realidad, esto es, no solo entendiéndola, pero también saboreándola con nuestra capacidad de emocionarnos, basta para hacernos pensar que vale la pena ser vivida. Incluso la tristeza y la rabia parecen ser lo suficientemente buenas en si como para preferir seguir complaciéndose en ellas en vez de huir una vez por todas en la muerte. Amy Lee habla de su música como una terapia, y creo que no esta exagerando pues, efectivamente, si regularmente ella logra revivir con fuerza algún tipo de emoción fuerte, eso ya sería razón suficiente para preferir la vida a la muerte. Sus canciones surgen de la vida, y por eso hablan de la vida. Ya dije mas arriba (con la película “the Crow”) que incluso cuando se habla de muerte, pareciera que uno no logra deshacerse de la nostalgia de la vida, pero además, cuando Amy y su banda proclaman la rabia, el miedo y la tristeza, proclaman también la deliciosa vehemencia de estar vivo, y de sentir. Pero esta vida de la que hablan sus canciones está constantemente siendo contrapuesta con la nada, como un tema “tela de fondo” omnipresente en sus canciones. La nada en  el único dios que ella concibe. Si reflexionara un poco se daría cuenta que para conjurar el mal, la injusticia, el absurdo, el dolor, no basta solo con abrasarlos y gritarlos a todo pulmón, no basta con complacerse en emociones fuertes, ni con recibir los aplausos de todos los desencantados, no basta con una vaga esperanza de poder ser un “buen ejemplo”… porque en cuanto esa esperanza dejara de ser vaga, y se enfrentara con esa realidad vacía sobre la que se agita, dejaría automáticamente de existir. No porque no haya esperanza, pero porque sobre la nada que Amy Lee proclama como su dios nada se sostiene. La nada que ella canta se lo traga todo, y si fuera real, la esperanza de Amy Lee se desvanecería de una vez por todas. El nombre del grupo ni siquiera estaría bien puesto porque lo evanescente, es lo que se desvanece, lo que se esfuma. Pero para que algo se desvanezca, primero tiene que haber algo, y cuando no hay nada… nada puede esfumarse.

Una  pista mejor

La otra alternativa a la propuesta de Evanescence es pensar, no solo quedarnos con el hecho de nuestra existencia con sus sabores exóticos y agridulces, pero interrogarse por el sentido real de todo eso. Es sólo sobre la base de esa voluntad honesta de buscar una respuesta que es posible descubrir que existe Alguien que responde realmente al grito de Evanescence: “Save me !”… “¡Sálvame!”.


---------------------------------------

(1) Disponible en http://music.yahoo.com/read/news/12047846

(2) El clip lo bajo mi padre por Emule cuando andaba buscando música suiza para una ocasión especial. No lo puse sobre el sitio por ocupar demasiado espacio, pero es auténtico.

(3) Véase por ejemplo http://www.religioustolerance.org/goth.htm

(4) Véase S. Nisgardata “la experiencia de la nada” disponible en ftp://libros:libres@ftpmichel.myftp.org/pub/

(5) Véase http://www.jamesobarr.net/word.asp?cat=1&id=67

(6) En la introducción de su libro “Hereticos” disponible en inglés en http://www.dur.ac.uk/martin.ward/gkc/books/

(7) Pueden leer las letras en inglés en http://www.azlyrics.com/e/evanescence.html

(8) En “Lies” o “Tourniquet” por ejemplo.

(9) O si se quiere, la enfermedad. “Away from me” habla, no de la vida que corre por las venas, pero de la enfermedad.

(10) Job 2 : 9

(11) Job 2 : 10

(12) Véase http://www.insidecx.com/interviews/archive/evanescence.html